Un integrante del equipo de Riot Vanguard descubrió cómo acabar con uno de los hacks más costosos y difíciles de detectar. Una medida que podría marcar el futuro de los shooters online

En los últimos años, los videojuegos online vienen sufriendo una ola cada vez mayor de hackers que arruinan la experiencia y hasta hacen que muchos jugadores terminen abandonando sus títulos favoritos. Trampas como el aimbot, que permite disparar automáticamente con una precisión inhumana, o el wallhack, que revela enemigos a través de paredes y objetos, se volvieron moneda corriente en franquicias tan populares como Call of Duty. Incluso Counter-Strike atraviesa una verdadera plaga de hackers que está siendo investigada, y en la beta de Battlefield también se detectaron casos aislados.
Hasta ahora, uno de los métodos más difíciles de combatir era el temido DMA, un tipo de hack por hardware que lograba esquivar a la mayoría de los sistemas anti-cheat. Pero por suerte, el equipo de Riot Vanguard, el sistema de seguridad de Valorant conocido por ser uno de los más estrictos e intrusivos de la industria, parece haber encontrado la fórmula para ponerle fin a este problema y devolverle un respiro a los jugadores.

¿Qué es el DMA?
El hack más temido en los últimos tiempos era el DMA (Direct Memory Access). A diferencia de los cheats clásicos que se instalan en la misma PC del jugador, este método utiliza un dispositivo externo —como una tarjeta especial o incluso una segunda computadora— para leer la memoria del juego en tiempo real. De esa manera, el tramposo podía ver la posición de todos los enemigos, su vida, munición y hasta alimentar aimbots imposibles de detectar.
Lo más peligroso de este sistema era que el anti-cheat no encontraba nada raro en el cliente del juego, porque la “trampa” no estaba ahí, sino fuera de la máquina. Por eso durante años fue prácticamente indetectable y se convirtió en el arma favorita de los hackers más avanzados. Incluso había servicios que llegaban a cobrar más de 4000 dólares por ofrecer este tipo de trampas, lo que demuestra lo codiciado y sofisticado que era el sistema.
La buena noticia es que el equipo detrás de Riot Vanguard, el anti-cheat de Valorant, anunció la implementación de una nueva medida llamada IOMMU Restriction Enforcement. Con ella, cada dispositivo externo queda aislado en su propio espacio de memoria, lo que impide que un hardware pueda leer o manipular datos del juego. En pocas palabras: el acceso que hacía posible el DMA quedó completamente bloqueado, y con ello se cierra la puerta al hack más costoso y molesto de los últimos años.

Este avance representa mucho más que una victoria para Valorant. Si el equipo de Riot decide compartir su tecnología con otros desarrolladores, podríamos estar frente al inicio de una nueva etapa en la lucha contra los tramposos. Después de años de frustración y partidas arruinadas, tal vez estemos presenciando el comienzo del fin de los hackers en los shooters online.